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La traducción musical

Al igual que suele ocurrir con toda manifestación cultural, la música constituye uno de los ámbitos más olvidados en estudios de traducción e interpretación, por lo general centrados en contextos jurídicos, económicos o administrativos. No obstante, este tipo de traducción engloba un sector del mercado considerable, en el que entran desde programas de óperas o documentales hasta obras literarias, donde la música puede funcionar como hilo conductor (como ocurre con las biografías o memorias de músicos, ya sean clásicos o contemporáneos) o bien aparecer de manera anecdótica.

Uno de los grandes problemas de este ámbito es su propia cotidianidad: vivimos rodeados de música y al lenguaje común han pasado numerosos términos pertenecientes a ella, en ocasiones utilizados de manera incorrecta (como el adverbio crescendo, que muchos preceden de la preposición in, redundante).

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Por lo tanto, cuando un traductor se enfrenta a un contenido de tipo musical, debe tener en cuenta que se trata de un lenguaje especializado más, con sus características y peculiaridades. Algunos de estos rasgos particulares son, por ejemplo, la profusión de términos en italiano, que casi siempre deben mantenerse en dicho idioma (un procedimiento complicado sobre todo cuando esa es la lengua de origen); la existencia de falsos amigos en términos de uso corriente, como la palabra inglesa key, que no significa clave, sino tonalidad, o la variación de género en los instrumentos musicales (y más términos) entre el español y el francés, donde la tuba es masculina y el clarinete es femenino, entre otros.

Por desgracia, existen pocas obras terminológicas multilingües sobre música a las que puedan recurrir los traductores (a este respecto, los diccionarios de Roberto Braccini pueden facilitar la tarea cuando el contenido no es demasiado técnico). Sí se pueden encontrar diversos repertorios en internet, aunque suelen ser elaborados por no lingüistas, por lo que su uso en encargos profesionales no resulta muy recomendable.

Sin embargo, podemos encontrar manuales monolingües especializados, cuya consulta puede ayudar a despejar dudas sobre contenido musical:

  • En español, la obra más conocida es la Teoría completa de la música en dos volúmenes de Dionisio de Pedro (1991), donde se describen conceptos básicos y avanzados de manera breve y bien ejemplificada. Otro manual de referencia es la guía ¿Do re qué?, de Federico Abad (2006), redactada de un modo muy cercano al lector.

  • Pasando al francés, una de las fuentes más consultadas por músicos es la Théorie de la musique de Adolphe Danhauser, redactada en 1872 pero reeditada en múltiples ocasiones hasta hoy (hay que tener en cuenta que, salvo en equipamiento sonoro y nuevas tecnologías, el vocabulario musical no ha variado demasiado desde entonces). Un segundo ejemplo, más actual, lo proporciona el manual del mismo nombre de Jacques Castérède (1999), de especial interés para traductores porque define los conceptos de manera muy simplificada y, a mayores, incluye un apéndice al final de las lecciones para ampliar los contenidos explicados.

  • Por último, en inglés encontramos The AB Guide to Music Theory, dividida en dos partes, de Eric Taylor (1989), con descripciones sencillas destinadas a legos en la materia. Ya en el presente siglo, destaca la obra Pocket Music Theory, de Schroeder y Wyatt (2002), que abarca una extensa base de conocimientos sobre música de manera muy sucinta y precisa.

En resumen, la traducción musical posee sus particularidades, que el traductor debe saber identificar para lograr un buen resultado en sus encargos relacionados con la música, al mismo tiempo que necesita conocer las obras que lo ayudarán a resolver sus dudas acerca de la terminología de esta temática.

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